¿Porqué me gusta tanto la ciencia?
La Comunidad » Apuntes científicos desde el MIT » La ciencia es el wikileaks de la naturaleza.
Claro que es una fuente de curiosidades, siempre logra sorprenderte con algo nuevo, y es la herramienta más valiosa que tenemos para mejorar el mundo. Pero cuando la ciencia hechiza de verdad es cuando te das cuenta de todo lo que desconoceríamos sin ella.
Miras al cielo nocturno y ves un fascinante panorama estrellado. Pero te pones las gafas de la ciencia y descubres planetas con atmósferas de metano, agujeros negros en el centro de las galaxias, antimateria, supernovas, una energía oscura que está alejando aceleradamente esos focos de luz que a ti te parecen estáticos, y te explica los procesos de fusión nuclear que hacen brillar a tu propio Sol.
Luego te cuenta que esa energía llega a la Tierra y unos pigmentos en las plantas son capaces de aprovecharla para construir unos enlaces de carbono, que cuando tú te los comes rompes para recuperar dicha energía original de nuestra estrella.
René Descartes – Reglas para la dirección de la mente
Regla I: El fin de los estudios debe ser dar al espíritu o la mente una dirección que le permita formular juicios sólidos y verdaderos sobre todo lo que se le presente.
Regla X: Para que el espíritu se haga sagaz, es preciso ejercitarlo en buscar lo que ha sido ya hallado por otros, y en recorrer de manera metódica todas la artes y oficios de los hombres, aún los menos importantes, y sobre todo aquellos que manifiestan o suponen el orden. Yo he nacido, lo confieso, con un espíritu tal, que el mayor placer de los estudios ha consistido siempre para mi, no en escuchar las razones de los otros, sino en ingeniármelas yo mismo para descubrirlas. Habiéndome arrastrado esto solo, cuando aun era joven, al estudio de las ciencias, siempre que el título de un libro me prometía un nuevo descubrimiento, antes de llevar más adelante mi lectura, me esforzaba en ver si, por una sagacidad innata, podía yo por coincidencia llegar a un resultado semejante y evitaba cuidadosamente el privarme de este placer con una lectura apresurada.
Así pués, en un principio habrá que ejercitarse en lo que hay de más fácil, pero con método, a fin de que, por caminos abiertos y conocidos, nos acostumbremos como jugando, a penetrar siempre hasta la verdad íntima de las cosas. Por este medio, en efecto, poco a poco luego y en un tiempo más corto que lo que nunca nos hubiéramos atrevido a esperar, también nosotros tendrenos conciencia de poder, con igual facilidad, deducir de principios evidentes numerosas proposiciones que parecen muy difíciles y complicadas.